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lunes, 15 de abril de 2013

CÓMO COLOCAR A LOS INVITADOS

¡Feliz semana protocolaria! 
Hoy algo muy útil que nos servirá para quedar genial y demostrar que somos los perfectos anfitriones: la colocación de invitados en la mesa.
 
A lo largo de nuestras vidas son muchísimas las veces que invitamos a gente a comer o cenar a casa, ¿verdad? Da igual si el motivo es un cumpleaños o una comida de compromiso, siempre debemos tener presente que la lista de invitados la confeccionan los propios anfitriones quienes, por derecho, eligen quién entra en su casa y a quién sientan en su mesa (lógico, ¿no?).

Cuando ya sabemos quienes van a ser esas personas, debemos plantearnos un siguiente paso: ¿cómo los situamos? Antes de contestar eso, debemos ser prudentes con las personas que van a venir a casa y pensar si tienen afinidad entre ellas, si se conocen, si tienen intereses en común o aficiones, etc. para que, de este modo, la velada sea perfecta: agradable, con grandes conversaciones y, sobre todo, que les deje con ganas de repetir y volver a nuestra casa.

Reglas de protocolo para colocar a los invitados:

  1. Las parejas se "rompen". Para evitar conversaciones entre parejas y que acabe todo siendo demasiado monótono. No pasa nada por mezclar a las parejas y separarlas durante un rato ya que así fluirá la conversación y ayudaremos a mejorar las relaciones sociales de todos.
  2. Hombre, mujer, hombre, mujer. Es recomendable que, al distribuir los sitios en la mesa, estos sean diferenciados entre: hombre-mujer-hombre... Si no existe el mismo número de hombres y mujeres, se aconseja no sentar juntas a dos mujeres y que éstas no estén en las esquinas de las mesas. Antes de eso, sentaríamos a dos hombres juntos. Se trata de una norma casi histórica que pretendía proteger a la mujer.
  3. Aunque ya no es muy actual, las mujeres casadas van antes que las solteras y las divorciadas. Las divorciadas/separadas y viudas, van antes que las solteras, también.
  4. Si tenemos invitados de otras nacionalidades se les suele dar mayor preferencia que a los nacionales. Hay que tener en cuenta que si existen personas que hablen su idioma, se les sentarán a su lado aunque se rompa alguna de las normas anteriores.
  5. Colocación por edad. Las personas mayores tienen precedencia sobre las jóvenes. La edad es un "plus" a la hora de establecer el orden en la mesa, incluso por encima de las normas anteriores.
  6. Los niños se sientan juntos en una parte reservada de la mesa o si es posible, en una mesa aparte.
Recordad que estas normas son las que marcan la diferencia y las que nos ayudarán a que nuestras comidas o cenas en casa sean recordadas por la calidad de los anfitriones demostrando que tienen el control y que todo estaba perfectamente sincronizado. 

Besos, 
B.


Dedicado a la perfecta anfitriona: Begoña S.

lunes, 8 de abril de 2013

EL ARTE DE REGALAR

Regalar es un arte y, por eso, hay que saber regalar y saber recibir un regalo. Creo que a la mayoría de las personas les encanta recibirlos pero... ¿Qué pasa cuando no nos gusta? Sí, todos ponemos la cara de tontos que nos hace pensar: ¿Qué es esto? ¿En qué momento han pensado que me iba a gustar? ¡Crisis!

Para que no os vuelva a ocurrir esta situación y, sobre todo, para que no pase cuando sois vosotros quienes regaláis, hoy vamos a ver algunos consejos y ejemplos de la importancia de regalar y saber acertar.

El regalo habla de ti, de tus gustos, de tu sensibilidad, de tu creatividad, del tiempo que le has dedicado, del empeño que has puesto en acertar, de la oportunidad que brinda el mismo... Pensar en el regalo acertado implica plantearse ciertos interrogantes: a quién se lo regalo, con qué objetivo, con motivo de qué ocasión... 

"Los regalos pequeños mantienen las grandes amistades"

Las respuestas a las incógnitas anteriores facilitaran nuestra elección. Recordad: uno hay regalo más agradecido que aquél que no se espera. 

"El regalo es un embajador, representa a quien lo hace y, por ello, debe ser elegido con sum cuidado para no transmitir un mensaje equivocado"

¿Qué regalar?
Los regalos se recuerdan en el tiempo, provocan sensaciones que perduran en nuestro recuerdo sea para bien o para mal. De ahí la importancia de prestar especial atención a la elección: precio razonable, utilidad, originalidad, novedad, adecuado a la persona, el cuidado del envoltorio y que sea respetuoso. 

El regalo que hagamos dependerá del presupuesto con el que contemos y el motivo del regalo. Procurad no ofrecer obsequios desproporcionados o ridículos (como siempre, huyendo de los extremos) porque en ambos casos se puede ofender la persona que los recibe.

Los regalos personales se hacen a personas de nuestro círculo íntimo o a familiares pues conocemos sus gustos y deseos. Por eso, debemos recurrir a regalos más generales cuando regalemos por obligación o desconozcamos las aficiones de la persona en cuestión. 

Consejos para regalar
- Cuando asistamos a una casa donde hay niños: se agradece llevarles un detalle: un cuento o un libro es un acierto que se valora por parte de los padres.
- Cuando visitamos a un enfermo en un hospital o en casa: también podemos regalar un libro o unas revistas (generales o especializadas), pasatiempos o juegos de mesa. Los bombones son aceptados cuando el afectado no tiene prescripción médica que impida que los tome (parece una tontería pero hay que tenerlo en cuenta). Centros de flores y plantas son aptos para los que no poseen alergias aunque en la mayoría de clínicas están prohibidos este tipo de regalos.
- Regalos típicos de los países de habla hispana suelen ser elementos de escritorio, libros de arte, licores de calidad o productos típicos del país de origen. 
- Los animales no son un regalo aconsejado, a no ser que conozcamos el deseo del futuro propietario en cuestión.

Pero, sobre todo, hay que descartar los regalos que duran poco tiempo, objetos cuya finalidad responde a un período concreto.

¡OJO! No olvidéis retirar la etiqueta con el precio antes de envolver el paquete... ¡Podría destrozar nuestro regalo por completo!

¡Espero que tengáis una buena semana!
Besos, 
B.

viernes, 1 de marzo de 2013

TU LECTURA ES TU CULTURA II


¡Feliz viernes a todos/as!

Como la semana pasada, hoy os traigo mi pequeña biblioteca personal sobre protocolo. En realidad, existen un montón de libros súper útiles y de todo tipo de protocolos según las necesidades que deseéis cubrir (protocolo militar o diplomático, de países…).

La mayoría de los libros sobre esta temática suelen ser guías de ayuda para saber actuar y comportarse, pero también hay otros divertidos con anécdotas que te permiten compartir la situación del autor, ver su error o el acierto en algunas decisiones tomadas a medida que se dan los acontecimientos.

Sin más, aquí os dejo mis cinco favoritos:
  • El manual de urbanidad, de Manuel Carreño: composición de las normas más elementales y reglas sobre los buenos modales para relacionarse en sociedad. Quizás parezca algo obsoleto por su antigüedad, pero es realmente útil. 
  • 100 preguntas básicas de protocolo, de José Antonio Urbina: resumen de las preguntas más frecuentes a la hora de comportarse y saber estar en determinadas situaciones sociales. Y recuerda en palabras del poeta Francisco de Quevedo: “Te reciben según te presentas, te despiden según te comportas”.
  • Majestad, la mesa está servida, de Jaime Peñafiel: Vale, no es de mis personajes favoritos como periodista/experto en protocolo, pero en este libro se recorre la historia de todos los encuentros celebrados de nuestra Casa Real con personalidades políticos de todo el mundo, alrededor de una mesa. Además, nos descubre un mundo oculto al público general, por ejemplo: ¿cómo se prepara una recepción para más de 100 invitados? ¿Sabíais que el equipo de camareros de Buckingham Palace está regulado a través de un sistema de semáforos? Después de leerlo no os quedará ninguna duda de que algunos detalles de la historia de nuestro país se han escrito entre plato y plato.
  • Por último, dos libros: De mala educación y El libro de la buena educación, de Bárbara Senillosa: además de ser alumna y amiga de la autora, se tratan de dos libros excepcionales que recomiendo al 100%. En ellos, Bárbara nos cuenta situaciones embarazosas de ciertos personajes con nombres y apellidos de la “alta burguesía”. Es un libro para todos los públicos para los que creen que ya lo han visto todo. 
  • Los tres tratados de las buenas maneras, de Alfonso Ussía: recopilación de tres entregas en las que el humor es excelente. Sin piedad, el autor vapulea a los llamados “nuevos ricos”. Además incluye capítulos tan útiles como, cito textualmente, “cómo comer una naranja con cuchillo y tenedor”. Consejos y situaciones desternillantes de los conocidos “quiero y no puedo”. 
Espero que os haya picado el gusanillo por leer alguno de estos libros. De verdad, son una buena inversión cualquiera de ellos y, además, os harán pasar un buen rato aprendiendo. 
 
¡Buen fin de semana! Muchos besos, 
B.

lunes, 11 de febrero de 2013

FUMANDO PROTOCOLARIAMENTE

¡Feliz día protocolario!

Dando por acabado todo lo que incluye el saber estar, creo que otra parte importante en nuestra vida social y personal es el civismo. No sólo el civismo propio de nuestros actos sino también el que afecta  a las personas que nos rodean y al resto de ciudadanos. 

Un tema primordial y cotidiano es el tabaco. Es verdad que es una realidad social y que tenemos que convivir con ella, teniendo sus defensores y sus detractores. Pero lo cierto es que es un elemento más a tener en cuenta en nuestras vidas sociales y, como tal, tenemos que hacer un buen uso de él (si es posible y más allá de las enfermedades que genera). Una de las normas que debéis imponeros si fumáis es la de respetar las indicaciones de "prohibido fumar" que existen en la mayor parte de los establecimientos y oficinas. 

Además, la pregunta de "¿te importa si fumo?" es un arma de doble filo. Por una parte, no existe indicación de lo contrario por lo que, en principio, se permite fumar; pero, por otro lado, si estoy preguntando, ¿realmente alguien me va a decir que no? Es decir, con esa pregunta inicial, estamos poniendo en un compromiso a los demás en la decisión de su respuesta. 

Otra situación normal es la de visitar una casa ajena a la nuestra. En este caso, no fuméis sin el consentimiento de los anfitriones. Debéis ser capaces de aguantar las ganas salvo que el anfitrión o la anfitriona os indiquen lo contrario

Tanto con el tabaco como con cualquier otro aspecto de la vida, preguntar nunca está de más. El abuso de confianza acaba con ésta. Preguntando se llega a todas partes y sin quedar mal con nadie. 

Curiosidades

Las reglas de cortesía tradicionales establecían que los caballeros debían ofrecer fuego a las damas y éstas debían ofrecerlo entre ellas mismas. La gente joven debía ofrecérselo a las personas mayores, primero a las damas y luego a los caballeros. 

También se establecía que no era correcto encender un cigarrillo con la colilla de otro a punto de extinguirse y que el hombre debía contener en sus manos el mechero o la cerilla que diese fuego al cigarro.

Además, se dice que el traje de esmoquin o smoking surgió en el siglo XIX, siendo los caballeros británicos los que lo utilizaban en las cenas. La chaqueta era de un material repelente a las manchas de las cenizas que, simplemente, con apartarlas con la mano desaparecían. 

Pero, ¿qué queda de todo esto? ¿Son lógicas, hoy en día, estas reglas de cortesía? La modernidad no implica desterrar lo antiguo por absurdo, sino adaptarlo a las nuevas situaciones y circunstancias que lo rodean. ¡Adaptémoslo!


Besos, 
B. 

domingo, 3 de febrero de 2013

LA PUNTUALIDAD

¡Hola a todos/as!


En las entradas anteriores sobre protocolo, vimos los puntos fuertes que condicionan el saber estar para todos los ámbitos: laborales, familiares, etc. Creo que además de esos temas tan importantes hay un concepto que es de vital importancia: la puntualidad

Es curioso que os hable de esto cuando, sin quererlo, no lo soy siempre. Por eso quiero decir que con estas nociones sobre buenas maneras, yo también aprendo. En el fondo de eso se trata, de aprender cada día un poco más para ser mejor persona y saber llevar mejor las relaciones personales y laborales. 

Ser puntual es algo que nos va a favorecer siempre pues estamos respetando el tiempo que la otra persona nos va a dedicar. 

La puntualidad es una de las normas básicas de la buena educación. Retrasarse unos minutos o llegar tarde injustificadamente a una cita (ya sea personal o profesional) refleja poco interés y una auténtica falta de respeto. ¿Por qué? Pues porque debemos ser responsables de nuestros actos y si hemos fijado una hora para un encuentro, debemos planear previamente el rato que tardaremos en estar listos y en llegar hasta ese lugar. 

Una vez leí un libro sobre los buenos modales, en el que se afirmaba que "la puntualidad es cortesía, y la impuntualidad es descortesía". Es tan importante que, en algunos casos, puede llevar a enfados y distanciamiento de amistades. ¿Vale la pena sacrificar una amistad por no salir antes de casa? Yo creo que no.

Lo que también es verdad, es que hay circunstancias imprevistas que pueden hacer que no lleguemos a la hora que esperábamos. En esos casos y viviendo en el mundo de las tecnologías, debemos avisar de nuestro retraso justificando el motivo que lo ha originado y del tiempo que estimamos en llegar. No hay excusas para no hacerlo porque podemos avisar por el móvil llamando, dejando un mensaje en Facebook o de otras tantas formas. 

Por último, mi recomendación es que, al llegar al encuentro, volvamos a disculparnos ante la otra persona y, más aún, ante los anfitriones del evento (una cena en casa de amigos, un cocktail, etc). 

¡Feliz semana!

Besos, 
B.




lunes, 28 de enero de 2013

SABER ESTAR: TOLERANCIA, AMABILIDAD, SIMPATÍA Y CORDIALIDAD

¡Hola Hola!

Siguiendo las tablas del saber estar, es imprescindible hablaros de la tolerancia, la amabilidad, la simpatía y la cordialidad. Tanto en estos conceptos como en los anteriores, debéis recordar el primer post: LA NATURALIDAD. Cualquier manera de manifestar estas actitudes debe ser natural, sin fingir. 

En primer lugar, la tolerancia es la capacidad de conceder la misma importancia a la forma de ser, de pensar y de vivir de los demás como si éstas fuesen nuestras propias maneras de ser, pensar y vivir. Como la verdad absoluta no le pertenece a nadie, cada uno de nosotros tenemos que interiorizar el hecho de que cada visión particular, creencia o costumbre puede ser diferente sin que la nuestra sea la correcta. Escuchar, valorar y respetar las opiniones ajenas nos ayudan a seguir aprendiendo día a día.

"Nunca te acostarás sin saber una cosa más" 

En segundo lugar, la amabilidad es una actitud. Con esto me refiero a que es una forma de actuar, de comportarse. Ser servicial, indulgente y tolerante es una cualidad que pone de manifiesto los buenos modales de cada uno. La amabilidad abarca los conceptos de los que os he hablado hasta ahora: naturalidad, respeto, prudencia, discreción, sencillez y tolerancia. 

La amabilidad es saludar con una sonrisa al cajero del super, ayudar a cruzar a los mayores, aplaudir cuando otro cumple su objetivo... Existen mil ejemplos para poner en práctica y os aseguro que nadie rechaza un gesto amable.

"Ser amable, es ser invencible" 

En tercer lugar, la simpatía como una forma de ser y de carácter. La simpatía hace que cualquier persona resulte atractiva y agradable a los demás. De esta forma, genera más simpatía a su alrededor. 

Sin embargo, no existe relación alguna entre la simpatía y la ironía, la mordacidad, la sorna y el sarcasmo, pues fusionar esas características no hace que la persona sea más chistosa. La simpatía es comprender al prójimo, interesándonos por su felicidad o su desdicha. Crear un entorno de cordialidad hace que la comunicación y confianza favorezca nuestras relaciones personas y profesionales

La simpatía gusta, provoca que te vean agradable, encantador/a, afectuoso/a, inteligente, cordial, ingenioso/a, espontáneo/a. En cambio, la antipatía disgusta, irrita y distancia a las personas hasta el punto de provocar la ruptura de sus relaciones. 

"La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz"

Por último, y no por eso menos importante, la cordialidad. Una simbiosis entre el buen humor y la amabilidad, aderezado con un toque de buena educación. Gozar de esta virtud expresa atención, buen gusto, franqueza y seguridad en la persona, haciendo de ella una persona positiva y alegre, cargada de afectuosas palabras. 

Aplicando la cordialidad en nuestros actos, acciones, conversaciones, sentimientos y emociones generaremos aceptación y relaciones de calidad. 

"Sé cordial con quienes no lo son contigo, pues de ese modo verán su error"

¡Espero que os haya gustado esta dosis de saber estar y buenas maneras! ¡Feliz inicio de semana!

Besos, 
B.


lunes, 21 de enero de 2013

SABER ESTAR: PRUDENCIA, DISCRECIÓN Y SENCILLEZ

Siguiendo con el Saber Estar, existen otras maneras de llegar a comportarse adecuadamente que favorecen nuestra relación con otras personas. La prudencia, la discreción y la sencillez, son algunos elementos que nos ayudarán a mantener el control cuando nos relacionamos. Estos consejos podemos aplicarlos diariamente con nuestros amigos o familiares y, sobre todo, en el trabajo. Así favoreceremos nuestras relaciones personales y demostraremos una templanza ejemplar. 

Para empezar, un elemento clave es la prudencia, pues es el reflejo de la actitud, comportamiento, acción, palabra, reflexión, realización, comprensión, decisión, consecuencia, habilidad, rectificación, compromiso... La persona prudente puede actuar con razones y en base a la lógica, ya que sus actos están concienzudamente meditados y eso se refleja en su trato con los demás, la confianza que genera en su entorno, cuando reconoce sus errores y aprende de ellos, cuando conserva la calma en situaciones adversas, cuando ofrece un punto de vista justo y reflexiona sobre las consecuencias de sus palabras. Suele ser una persona que interviene sin interrumpir al resto ofreciendo argumentos en su defensa. 

Esta forma de actuar tiene una gran relación con la discreción, pues colabora con el entendimiento, favorece la concordia y fortifica la amistad. La persona discreta no emite juicios, cuida su forma de hablar, no hace preguntas inoportunas, calla ante un comentario impertinente, sabe guardar un secreto, no impone su presencia, huye de las descalificaciones, pone por bandera la verdad y, sobre todo, no busca el protagonismo. El ser discreto es cultivar una tabla de valores éticos y morales capaces de fundamentar el tacto correspondiente a la hora de hablar, actuar y emitir opiniones sobre los demás. 

Por último, otra cualidad propia del saber estar es la sencillez. Esta cualidad es la que nos lleva a mostrarnos realmente como somos. La verdadera sencillez sólo se genera en nuestro interior y de ahí deriva a la expresión externa. Lo que uno es en su interior, fluye en su exterior

La sencillez es una combinación de dulzura y sabiduría. El proceder de una persona sencilla es natural, espontáneo y discreto ya que emplea un lenguaje apropiado, comprensible y adecuado a la situación en la que se encuentra. Para ello, no alardea de méritos o logros personales, evita convertirse en el centro de atención, aprecia a las personas que tiene a su alrededor, viste de acuerdo a la ocasión, es una persona generosa, servicial, altruista y cortés. 
Modos de aplicar la prudencia, la discreción y la sencillez:

  1. Respetar el turno de palabra sin cortar o interrumpir a la otra persona.
  2. Cuando creamos que vamos a decir algo fuera de lugar o que no tiene relación con lo que se está hablando, es mejor esperar al momento apropiado
  3. No querer ser el centro de atención durante las 24h. Debemos ser capaces de dejar que otros tengan su momento, al igual que nosotros tenemos el nuestro. Es una cuestión de generosidad. Los otros también importan
  4. Tal y como dije en la entrada sobre el respeto, debemos cuidar nuestro lenguaje verbal y no verbal, evitando insultos y gestos inapropiados. 
  5. Solicitar ayuda cuando la necesitamos y ser capaces de ayudar cuando nos lo piden. En algunos casos, debemos ser intuitivos con quienes nos piden ayuda ya que para muchas personas no resulta sencillo pedirlo. De esta manera, debemos ofrecernos cuando estamos viendo que alguien nos necesita.

Besos, 
B. 

viernes, 18 de enero de 2013

SABER ESTAR: EL RESPETO

Esta semana nos ha faltado un poco de protocolo y para no dejarlo en el olvido, ahí va vuestra protocolaria dosis semanal de Saber Estar.

El último post trató sobre la NATURALIDAD algo que, como dije, es primordial en las relaciones personales. Sin hacer más hincapié en esta cuestión, pasaremos a tratar el tema del RESPETO.

El respeto es, básicamente, aceptar y comprender la forma de ser, de pensar, de actuar y de relacionarse de las personas. Ser respetuoso es un punto a nuestro favor en cuanto a las reglas mínimas de convivencia interpersonal. 

Para que nos entendamos, cuando queremos ser respetuosos (un hábito que todos deberíamos poner en práctica) debemos ser conscientes de lo que implica, pues no se trata sólo de serlo con los demás, sino también con uno mismo. ¿A qué me refiero con esto? El respeto que manifestamos hacia el prójimo suele ser el reflejo de nuestra autoestima y del respeto que nos tenemos a nosotros mismos. En el fondo, es tener la capacidad de adaptarse a las circunstancias de la otra persona sin herirle.

Para ello, debemos olvidarnos de actos tales como: gritar, imponer nuestra autoridad frente a los demás, insultar, ser groseros u ordinarios en nuestras palabras o gestos, lanzar ironías punzantes, comentarios cínicos, cualquier tipo de violencia física o psicológica... En cambio, un buen modo de actuar que favorecerá siempre la comunicación y la convivencia, estará marcado por un buen tono de voz, escuchar a los demás, ser transigente, facilitar ayuda a quienes la necesitan y saber cuándo somos nosotros los que la necesitamos, dar las gracias y pedir disculpas cuando corresponda. 

En realidad, ser respetuoso no es un descubrimiento del siglo XXI pero sí es verdad que muchas veces exigimos algo que somos incapaces de realizar. Por ejemplo, ¿cuántas veces yendo con prisa por la calle, nos chocamos con alguien y no nos giramos a pedir disculpas? Probablemente será el mismo número de veces que cuando otro se ha chocado con nosotros, se ha ido tan campante sin decir nada. 

Para cambiar estas rutinas negativas de la vida cotidiana, la cadena de valores debe empezar por las actos que realiza uno mismo con los demás.

Pequeños actos de gran importancia:
  1. "Es de bien nacido, ser agradecido" y como diría Mamá: "Las palabras mágicas que jamás se pueden olvidar son 'por favor' y 'gracias'". 
  2. Ceder el sitio a los mayores en el transporte público (no vale mirar por la ventana como si no estuvieran ahí).
  3. Para ser escuchado, primero debemos saber escuchar la opinión de los demás. Por ser diferente a la nuestra no significa que sea peor.
  4. Algo que a todos nos cuesta muchísimo y que sería de agradecer: dejar a un lado nuestros teléfonos móviles en las comidas, reuniones... (dejarlo a un lado, no significa colocarlo al lado de los cubiertos en la mesa).
  5. Respeta y serás respetado. Tu ejemplo puede ayudar a otros a darse cuenta de su error.
Todo resumido en esta viñeta de Mafalda y Miguelito:

Besos, 
B.  

P.D: ¿Qué otras prácticas respetuosas se os ocurren? ¿Por dónde empezaríais vuestra cadena de respeto? 

viernes, 11 de enero de 2013

SABER ESTAR: LA NATURALIDAD

 
¡Hola a todos/as!

Como os conté el lunes, el saber estar es una de las bases del protocolo. Es tan importante en las relaciones personales como en el mundo laboral. Por eso, os lo voy a ir explicando por partes. Espero que os guste y que os sea útil. Ahí va el primer capítulo...
 
SABER ESTAR: LA NATURALIDAD
 
Las buenas maneras son la representación de la elegancia y la cultura, que conforman la educación de las personas. Actuar de forma adecuada no está reñido con la personalidad de uno mismo. Es más, no debemos perder jamás nuestra esencia porque esa es la clave principal del saber estar: la naturalidad.
 
La naturalidad provoca en las relaciones personales cierto grado de proximidad, aprecio y, sobre todo, respeto. La inseguridad a la hora de estar con los demás amplifica nuestras deficiencias en el marco social. En el saber estar, el constante ejercicio crítico y el adaptarse es algo fundamental. El hecho de ser natural es una de las capacidades más importantes de la excelencia y disposición de las relaciones personales. Ser uno mismo, sin imitaciones, de acuerdo a la naturaleza propia, permite que florezca la auténtica personalidad.
 
Todas las personas tenemos virtudes y defectos. Por eso tenemos que potenciar nuestras bondades y hacer un esfuerzo progresivo y personal de manera que podamos mejorar y minimizar nuestras carencias. Está en nosotros mismos lograrlo porque en cada individuo coexisten tres tipos de "yoes" distintos: el que uno es, el que se cree que es y el que los demás ven. Lo ideal es que los tres coincidan, pero eso no ocurre siempre. Para ser natural, al menos deben conceincidir dos tipos: el que tú crees que eres y el que los demás ven.
 
En el mapa de las relaciones sociales se plantea un reto constante: recuperar el tacto; desarrollar afectos carentes de fingimientos; fortalecer la amabilidad, el detalle, la ayuda y la comprensión; eliminar el grito como forma de comunicación; recuperar la higiene personal como muestra de cultura social y responsabilidad cívica. Y, por último, sustituir la cultura de la mediocridad por la cultura del esfuerzo.
 
El conocimiento y aprendizaje de normas no anula la espontaneidad, pues se interioriza como forma natural de comportamiento, y como tal, se asume día tras día.

En el saber estar también se incluyen elementos como la gracia, la práctica y el sentido común; elementos que veréis en los siguientes capítulos.
 
¡Feliz fin de semana!
 
Besos,
B.

P.D: ¿Os ha gustado este primer capítulo? ¿Creéis que el saber estar escasea?